22 años de uno de los momentos más complicados para la NBA y especialmente para sus fans, el Lockout o cierre patronal de 1998, en el cual estuvo a punto de perderse la temporada completa en las duras negociaciones entre propietarios y jugadores.

Los dueños de las franquicias estaban preocupados porque sus negocios no eran todo lo beneficiosos que querían y los sueldos de los jugadores empezaban a irse de sus manos (como sucedió también después en 2011), y forzaron un cierre patronal para establecer medidas y límites económicos más restrictivos a los contratos de sus jugadores. Se considera que el acuerdo entre los Minnesota Timberwolves y Kevin Garnett por $126 millones y 6 años, el más alto de la historia de los deportes estadounidenses en aquel momento, fue el detonante.

Todos sabemos ya que finalmente se llegó a un acuerdo en enero, se salvó la temporada, y los San Antonio Spurs fueron campeones. Pero hoy en día hay algo que todavía podemos apreciar de aquella época, además de la introducción de conceptos como máximo salarial, impuesto de lujo, excepción media o, básicamente, toda la base del convenio colectivo actual: la creatividad con la que la afrontaron especialmente dos marcas con anuncios que se convirtieron en ‘virales’ mucho antes de la llegada de las redes sociales.

Las dos marcas centraron los cuatro spots que vamos a ver en cómo era la vida sin baloncesto. La primera de ellas, Nike, se centró en lo que hacían los fans (famosos) que no podían disfrutar de la NBA. Spike Lee, por ejemplo, se entretenía viendo partidos de baloncesto femenino de colegio y haciendo trash talking a una jugadora llamada ‘Reggina Miller’. El anuncio terminaba con un mensaje claro para ambas partes negociadoras.

En el segundo anuncio el protagonista es el actor Samuel L. Jackson, quien disfruta con sus amigos de una horrenda intentona de jugar al H-O-R-S-E.

La otra compañía que destacó por su creatividad fue Sprite, con Grant Hill como cara visible por aquel entonces, acompañado de otra estrella joven y emergente: Tim Duncan. Sin poder jugar al baloncesto, en estos anuncios los jugadores se ofrecían para trabajar haciendo labores muy variadas.

Según la marca de refrescos, más de 300.000 personas llamaron al número de teléfono que aparecía en la pantalla, 1-800-tall-men, y si lo hacías una grabación con la voz de Grant Hill agradecía tu llamada para contratar sus servicios.

No todo el mundo se tomó bien estos anuncios, por cierto. A Grant Hill se le criticó mucho que no tomara parte de forma más pública en las negociaciones como estrella emergente de la liga que era, y sus apariciones en estos spots molestaron a algunos compañeros de profesión, llegando a declarar un jugador al Detroit Free Press que iba a ir a por él y que recibiría algunos palos cuando volviesen a jugar. Pero, mientras tanto, Hill se ganó unos dólares cortando el césped.