El traspaso taquillazo de “La Barba” ha hecho explotar fobias. Fuera caretas. Las que consideran un error que Brooklyn incorpore a tamaño jugador, las que consideran que la acumulación de talento después de bote es excesiva, a las que les molesta que jugadores con tanta facilidad para anotar se junten en el mismo vestuario.

Es una sensación parecida (no la misma) la que genera Alekséi Shved, el escolta (¿alero?¿base?¿líbero ofensivo?) de BC Khmki. Máximo anotador de Euroliga durante años, el mejor pagado hasta la llegada de Mirotic, el que más balones pierde pero en las últimas temporadas también el que más asistencias reparte…

Este último asunto, que Harden y Shved sean el segundo máximo asistente en NBA y el líder en Euroliga, respectivamente, es un dato que se trata de olvidar por los análisis de temperatura alta, por los tuits ventajistas (incluso los míos) y por la forma de entender el baloncesto desde aquí.

Son jugadores ya por encima de los 30 años, que han aprendido a conocer la defensa que genera su talento y que son expertos anotadores. Las ayudas que arrastran suelen crear espacios para ese pase definitivo, no son buenos asistentes secundarios (los que mejoran la ventaja de un compañero pero no dan el último pase), su baloncesto es puramente vertical, de anotar o darla a otro porque a ellos les da risa. Punto, ya está.

James Harden lleva aficionados a la cancha (bueno, ahora no los llevaría ni MJ23), hace que las bocas se abran, en forma es muy probable que nos haga abrir la boca ante defensas perfectas sobre las que anota 3+1. Pocos jugadores en la historia de este deporte han forzado la modificación de normas y “La Barba” es uno de ellos, con esa facilidad reconociendo el contacto próximo a la hora de botar la bola y levantar el tiro, dejando en el limbo la decisión de quién fue el primero que impactó con el cuerpo del otro, el defensor en su ánimo de molestar o el atacante sabiendo que la acción está próxima a terminar, entrando en contacto sin necesidad de espacio pero con beneficio posterior arbitral.

James Harden vestido con el cubre o camiseta de juego se nos antoja gordo, fuera de forma. Esa dejadez estadísticamente le estaba llevando a 24,8 puntos y 10,4 asistencias. Hay que ser muy bueno para reclamar un traspaso por bajada de rendimiento y firmar esos números.

Houston Rockets ha sido un quiero y no puedo para el anillo. Por alguna razón creemos que todos los equipos con una super estrella debe aspirar a ser Campeón. La aspiración, el objetivo es el motor de la práctica competitiva. Los sueldos nos colocan en una analítica falsa. Para conseguir los Campeonatos necesitas equipos con jugadores que sean determinantes en ambas partes del campo y el proceso de ensamblarlas. Incluso siendo muy bueno en la pizarra en medio campo, si tus transiciones defensivas no son sólidas, estás tocado para cimentar una base que te ayude a ese objetivo de ganar en los días grandes.

Shved y Harden son especialmente buenos en el tiro tras bote con defensa cercana, motricidad, brazos largos, ritmo cardiaco bajo, sensibilidad de dedos. Grandes jugadores ofensivos en individual. Lo más complicado de enseñar, lo que se tiene o no se tiene. Lo más envidiable.

Shved y Harden son especialmente débiles en concentración defensiva, correr hacia atrás en esprint, molestar al rival cuando estás en inferioridad defensiva. Si a ellos no les puedes parar en 1c1, muchas veces ni en 2c1, cómo podemos creer que ellos van a darlo todo cuando están en 1c2 o 2c3, regresar para un improbable buen desempeño defensivo. Es imposible que el rival no la meta. Ellos no fallarían.

Ellos tocan el piano, no piensan cargarlo y ponerlo en el escenario. Y esa es la esencia de su juego.

Aún así, recordar que James Harden en la defensa al poste en cambios, ha sido estadísticamente un defensor sólido, por esa envergadura, el corpachón que ha ido formando y el oficio de saber poner la mano en el momento justo. Muchas ‘deflections’ y muchos robos de balón desde posiciones estáticas.

Y las pérdidas de balón, esa cruz del entrenador, el jugador ruso acumula esta temporada 4,67 en una temporada ruinosa en lo colectivo de un Khimki en descomposición. Mientras Harden está arriba en esa clasificación las últimas campañas junto a nombres como Trae Young, Luka Doncic o Russell Westbrook. Los buenos tienen el balón en sus manos mucho tiempo y de ese “Usage” máximo vienen balones perdidos. Harden en la 17/18 perdió 5,0 balones por noche ¿muchos o dato normal en base a el total de posesiones?

La relación del aficionado español con las pérdidas de balón es delicada. En un baloncesto que tiene tendencia a la velocidad, al incremento de posesiones y por tanto de aciertos y errores, los valores máximos se relativizan pero aquí sigue valorándose más la sobriedad competitiva, la efectividad por encima de la venta del tipo de juego. El jugador más imaginativo de el baloncesto español contemporáneo, “El Chacho” está el número 81 en la lista de pérdidas por partido de la historia de la Euroliga con 2,02.

El jugador de cosecha propia que más balones pierde en Euroliga es Quino Colom con 2,17, pero es solo el nº56, aún así quizás por eso no ha terminado de cuajar nunca en el alto nivel de equipos españoles, una forma de entrenar y de pensar cómo debe ser el generador de ventajas. Como dato final, Juan Carlos Navarro entre bomba y bomba, perdía solo 1,65, el 197º de la lista…

Hay muchos baloncestos y hay muchas versiones del talento. Harden gusta de la noche, del buen comer. Shved gusta del buen vestir, de la imagen, de su restaurante de macarrones y queso. Ambos son talentos increíbles en el baloncesto y hacen cosas con el balón que son muy difíciles de igualar con el simple entrenamiento, dones que exhiben y que para algunos ya su mera presencia es digna de celebración. Los del espíritu estajanovista consideran que esas cualidades están malgastadas si no le traen títulos a sus equipos o no incorporan la capacidad de adaptarse a sus compañeros. Khimki lo tiene muy crudo siendo el peor equipo de los últimos años en Euroliga, Brooklyn ahora junta a tres de los grandes anotadores de la última década. Pura diversión que puede que se convierta en victorias y acceso a las eliminatorias definitivas.

Como entrenador creo que las personalidades de Irving+Durant+Harden no van a mezclar bien, que es imposible que se conjuren para defender, para correr sin balón hacia atrás, para sufrir los ratos que haya que sufrir (no nacieron para eso). Y para jugar sin balón, tipos que lo tuvieron en las manos desde que empezaron de pequeños a botar. La bola es suya.

Como observador del baloncesto, me parece muy interesante el reto de Steve Nash, la participación de esas seis manos prodigiosas y un solo balón. Habrá momentos memorables, jugadas para recordar. Movimientos individuales de tan bella factura que todo lo que sea interactuar en redes sociales y no ver sus partidos, será perderse la razón por la que nos gusta ver baloncesto.