Hoy, aunque no te lo creas, termina el Otoño, esa estación tan dura para los equipos grandes, los equipos con títulos recientes. El Otoño deportivo una membrana de espesor medio que empieza cuando termina la Supercopa y dura tres largos meses donde no hay ningún título en juego, donde enganchar tres derrotas ya sean consecutivas o no, es sinónimo de ruido mediático y runrún de fichajes, ese sonido de tambores lejanos que los que viven ensimismados en las burbujas de baloncesto ni siquiera olvidan en una situación de devastadora crisis económica como la que estás viviendo. La cuenta de resultados no es un parque de atracciones y los lunes y los martes son muy largos.

El Otoño de 2017 fue durísimo para el Real Madrid. Llull cayó derribado en verano, en aquella banda derecha del Santiago Martín tinerfeño, esa noche nadie tomó comida rápida, sino que la “Hamburguesa” carnívora se tragó sin masticar el mejor estado de forma del escolta menorquín. Posteriormente, la plantilla de Pablo Laso perdió a Ognjen Kuzmic con el ligamento cruzado también roto, temporada acabada y a Gustavo Ayón, con una lesión de duración media en ese hombro que tanto problema le ha dado. Incluso Randolph caía también con problemas en el hombro. Luka Doncic no podía conducir aún su propio coche a Valdebebas para entrenar pero en el Wizink Center se le pedía pilotar esta nave a la victoria, cada jueves, cada viernes.

Llegaron al puente de la Constitución con una racha de 1 ganado y 6 perdidos en Euroliga. Mi amigo Álvaro, volvía a pedir el cese del entrenador en el grupo de whattsapp “La Radio del Pintor” (no pregunten por el título). El Presidente Florentino, con un gran temple y mano izquierda, no hizo caso de esta presión y no cargó culpas en el banquillo. Laso seguía al mando.
Llegó Tavares fichado en Noviembre, mientras olvidaba las carreteras secundarias de la G League y se podía en línea con el arbitraje europeo, llegó el Real Madrid-Barcelona de 14 de Diciembre. 87-75 para los blancos y 26 de valoración para Doncic. Todos un paso adelante que empujó a una racha positiva de 7 victorias en la competición continental.

No se puede dejar de mencionar que los Otoños áridos se llevan mejor con dos competiciones, en el proceso de los grandes clubes hacia una liga continental, lo que en mi opinión más les puede llevar a dudar son los ciclos perdedores contra equipos de tu mismo nivel económico y trayectoria triunfadora. Siempre son más llevables ganando partidos y títulos en Copas y Ligas Nacionales. A esa racha negativa en Euroliga hay que añadir que en la ACB, el Real Madrid no lo iba pasando tan mal.

Aquellos meses tan hostiles pero peleados les dejaron en las semanas previas a la Copa del Rey de 2018 con los dientes apretados y competitivamente listos para un torneo en el que la gran estrella fue Svetislav Pešić, recién llegado, con esa sonrisa y aspecto pelín despistado que quitó presión a un Barcelona que ganó in extremis. Pero aún eso, cargó de más energía a un Real Madrid que encaminó Mayo con mucha concentración para ganar de nuevo la Euroliga y la Liga.

De 2020 podíamos esperar cualquier cosa, la tristeza de ver a Anthony Randolph caer con el Aquiles roto es otro golpe más. Los cruzados duelen mucho, las triadas. Pero por alguna razón (por supuesto sin ningún fundamento médico), cuando te lesionas tras un impacto de un rival, perdiendo el pie, el equilibrio, en un giro… parece que tiene más sentido aunque no sea así. Sin embargo cuando vez que un Aquiles se rompe en un jugador por encima de los 30 años y no ha habido nada que le lleve a que se parta más allá de razones que los legos no vemos, pues aún impacta más. Y a los que están cerca y tienen mucha relación con la persona, tremendo.

La salida de Campazzo fue un revulsivo de implicación, Llull acabando partidos como base, Abalde dando paso adelante. Tavares firma sus mejores números en Euroliga de siempre. Hay más minutos, más balón, más botes a repartir. La jerarquía del pequeño base argentino puede que se eche de menos cuando tengan que jugar la Copa del Rey o los Playoffs de la Euroliga. El reto planteado en Otoño, les ha permitido disfrutar de una dosis de motivación ante tanta duda alrededor sobre qué pasaría sin Facundo. Los competidores buscan eso, que haya trofeos en juego a corto plazo o que haya una duda sólida sobre su capacidad competitiva.

En 2017 se pudo traer a Tavares y acertaron de pleno. Ahora tras perder dos piezas de este tipo, la realidad contable no te lo permite pero la realidad deportiva te empuja a mirar qué hay disponible.
Uno de los grandes nombres de las Navidades es Thomas Heurtel, muy alejado del ideal de Sarunas Jasikevicius sobre lo que tiene que ser un líder carismático en la posición de base, muy alejado de la idea del lituano en cuanto a trabajo defensivo. Un francés de personalidad “muy francesa” del que guardan un especial recuerdo en el cuerpo técnico del Real Madrid, las dos Copas del Rey no ganadas por los merengues más allá de polémicas arbitrales fueron dominadas por Heurtel, MVP las dos veces. Incluso en el pasado Barcelona-Real Madrid del Palau, donde los blaugranas en el primer tiempo “bailaron” a los jugadores de Pablo Laso, fue el uno galo quién volvió a ganar el codo de la zona con suficiencia para castigar a todos los defensores madridistas.

Puede que sea el jugador contra el que menos receta táctica encuentra el Real Madrid de todos los rivales europeos. Mucha visión de juego, mucha más amenaza que Calathes, mucho instinto en los partidos grandes.
Lo deportivo va por un lado, el flujo económico de caja va por otro. No se puede hacer una visión simplista de el dinero ahorrado o recibido por el sueldo-rescisión de Campazzo. La Sección de baloncesto del Real Madrid es un departamento más de un club donde los macronúmeros no son compartimientos estancos. Veremos.
La realidad competitiva es que el grupo de Pablo Laso ganó la Supercopa, están perfectos en ACB y en Euroliga mejor de lo que nadie esperaba. Han ganado al Otoño como equipo, en 2017-18 también lo hicieron. Pero no hay temporadas iguales, quizás parecidas.

Foto: acb Photo / P. Castillo