Fue un partidazo: presumamos de lo que se vio. La Liga Endesa fue inteligente ocupando toda la parrilla televisiva del domingo, desde las 12 del mediodía hasta casi la medianoche, aprovechando el descanso futbolero. Un día para disfrutar del baloncesto, para ponerle en bandeja a los medios hablar de él más allá de cuando hay escándalos, si bien quizá esto sea mucho pedir para algunos de ellos. Y culminado por un duelo de altísimos vuelos, del que ninguna otra competición en el Viejo Continente puede presumir. Ni el Virtus-Milán en Italia ni el Efes-Fenerbahce de Turquía, también jugados este fin de semana, están a este nivel de riqueza táctica, ritmo de juego y capacidad ofensiva. Cuarenta minutos de elite como epílogo de un día para gozar de la competitividad de la Liga Endesa, superior a la de cualquier otra competición europea.

Ganó el que más lo necesitaba: parece evidente que el Barça llegaba algo más presionado al partido que el Madrid. En primer lugar, por la desventaja de tres victorias en la Liga Endesa, pues un triunfo blanco prácticamente les había puesto imposible ya el primer puesto de la liga regular a los de Jasikevicius. También por las malas sensaciones de sus últimos duelos, donde tras alcanzar un enorme momento de forma a finales de noviembre habían sufrido mucho (cinco derrotas en once partidos), especialmente en Euroliga. Y desde luego, por sumar un triunfo siempre relevante en una semana complejísima en Can Barça por todo el affaire Heurtel. En ese contexto, dio la sensación de que Jasikevicius forzó más la máquina en su rotación que Laso en la suya, si bien el vitoriano tuvo que volver a sobreexponer a Tavares en la segunda parte ante la carencia en su relevo.

Garuba sigue buscando a Mirotic: ante la desgraciada lesión de Anthony Randolph, Usman Garuba está ante una oportunidad excelente de consolidarse como ‘4’. Sin embargo, el domingo las pasó canutas en la defensa de Mirotic. El de Azuqueca es ya un notable defensor en situaciones de contacto físico y por supuesto yendo al tapón en la ayuda, pero Jasikevicius encontró una trampa perfecta para él metiéndolo en una red de bloqueos indirectos para Mirotic en la que el de Podgorica salió casi siempre vencedor, encontrando buenas opciones de tiro. Garuba se sentó a minuto y medio del final del primer cuarto (no volvió a salir a cancha), con Mirotic en catorce puntos, lanzado ya hacia su MVP de la jornada. Una situación clave para que el internacional español ganara confianza para el resto del partido, que acabó con unos estelares 26 puntos y 10 rebotes de todos los colores. Para convertirse en un ala-pívot de elite, el alcarreño deberá mejorar en situaciones como la ‘trampa’ que ayer le creó Jasikevicius.

¡Pustovyi existe!: sí, son tiempos en los que los pívots puros están bajo sospecha, pero en el ucraniano hay mucho más jugador del que se ha visto en el ostracismo más absoluto durante dos años en Barcelona. Cuando tienes enfrente a un tipo como Edy Tavares, y aunque la movilidad de Brandon Davies ha ejercido en ocasiones como kryptonita del caboverdiano, el desuso permanente de Pustovyi por parte de Svetislav Pesic tenía poca explicación visto desde fuera. Jasikevicius ha conseguido recuperar al ucraniano para la causa, y se demostró que cuando a Tavares alguien le mira cara a cara a los ojos, el africano vive algo menos cómodo. En el último cuarto resultó clave en el rebote ofensivo, no solo por los que cogió sino por los balones que desvió. Con él en cancha, Tavares no dominó.

Laprovittola mejora pero su techo está ahí: no se puede negar que el base argentino está jugando algunos de sus mejores partidos con el Madrid desde la marcha de Facundo Campazzo. Con más confianza y la seguridad de saberse el base titular, el de Morón ha elevado sus prestaciones en las últimas semanas. Pero tan obvio es eso como que su clarividencia en los momentos decisivos no fue la idónea. La jugada decisiva del partido, con Mirotic poniéndole un tapón por detrás, retrata ese hecho. Cumple, pero cuesta creer que a la hora de la verdad pueda llegar a ser un auténtico referente para los blancos en el puesto de base, tan fundamental en la era de Pablo Laso en el Madrid.

Llull y Abalde como líderes ofensivos blancos: uno no puede evitar tener la sensación de que el menorquín y el gallego se van convirtiendo cada vez más en los líderes de la creación ofensiva del Real Madrid con el paso de las semanas. A Abalde se le nota consolidado y con responsabilidad creciente, mientras Llull parece en su mejor momento físico reciente, con las piernas frescas, la mente despejada y la capacidad para dinamitar partidos recuperada. Mientras se resuelve la llegada (o no) de un base, y con Alocén en barbecho, parece que el éxito de la temporada blanca pasa por el liderazgo de ellos dos. Quizá por ello sorprendió más no ver a Abalde en la recta final. ¿Se guardó esa carta Pablo Laso para futuras citas?

Higgins versión CSKA y Kuric decisivo: Cory Higgins llegó al Barcelona consolidado como uno de los mejores escoltas del baloncesto continental a ambos lados de la cancha, pero esa versión se vio solo con cuentagotas en su primera temporada azulgrana. Ahora, y dentro de una cierta irregularidad lógica en un calendario tan sobrecargado, el californiano parece en su mejor momento de confianza como culé. No necesita ser la primera opción ofensiva, nunca lo precisó. Pero cuando emerge su lado oportuno, instintivo e incisivo hacia el aro (ante el Madrid mostró esa versión), es un jugador determinante en Europa. Tanto como puede serlo Kyle Kuric, llamado a ser el heredero de Jaycee Carroll como mejor tirador del continente, y que resultó letal en la escapada final de los visitantes. La combinación de Higgins y Kuric en cancha no puede ser otra cosa sino un permanente dolor de cabeza para la defensa rival si ambos tienen un buen día.

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acb Photo / Á. Martínez