Sin dramas: si una idea parece evidente tras ver los dos primeros partidos del Real Madrid desde la marcha de Facundo Campazzo a Denver es que del teórico drama que dibujamos analistas y aficionados de momento no hay nada. Bien cierto es que estamos en diciembre, y que todavía no ha llegado el momento de las habichuelas, pero perder con un triple de Mike James sobre la bocina en Moscú y ganar con solvencia al TD Systems Baskonia en los dos primeros partidos tras cruzar el Rubicón es, desde luego, un mejor arranque del vaticinado. No eran rivales cualesquiera, y los blancos han demostrado estar más preparados para este momento que la prensa y la afición. Se ha hablado tanto de lo mal que les iba a ir que, igual el tiempo muestra que esto es solo una reacción inicial, pero desde luego el Madrid parece herido en su orgullo y siendo un equipo enormemente competitivo. ¿Recuerdan aquella frase de Rudy Tomjanovich sobre subestimar el corazón de un equipo campeón? Refrésquenla, por si acaso.

Se fue el punto y tampoco estuvo la ‘i’ de inicio en Moscú: cuando saltó el Madrid al Megasport Arena de la capital rusa para medirse al CSKA, Walter Tavares no estaba en el quinteto inicial. Habían pasado 38 partidos de Euroliga desde la última ocasión en que eso ocurrió. Pasó, además, en un duelo de esos que ‘molestan’: el tercer y cuarto puesto de la ‘Final 4’ de Vitoria en 2019. Un hecho completamente inhabitual, desde luego, pues el caboverdiano ha salido de inicio en 89 de sus 102 encuentros europeos como merengue, tal y como rescató Miguel Lois. En Liga Endesa ante Baskonia Laso recuperó la normalidad, con el africano saliendo de inicio en el primer y tercer cuartos, pero será interesante observar si el vitoriano repite estrategia a futuro, o si simplemente quiso lanzar un mensaje catártico a los suyos para hacerles ver que sin el punto y la ‘i’ que tantos réditos les ha dado no se acaba el mundo. La mejor pareja base-pívot del baloncesto europeo reciente se ha roto, pero el sol volvió a salir al día siguiente.

Más galones para Laprovittola: es tan obvio que el base de Morón tiene todas las miradas puestas sobre él como que buena parte de la afición blanca no confía en tener grandes éxitos con el ex del Joventut asumiendo tanta responsabilidad en sus esquemas. El argentino, que suele sentirse más cómodo cuando anota, ha sido el base titular en los dos primeros partidos desde la marcha de su eléctrico compatriota pero no ha estado precisamente inspirado de cara al aro rival. Se quedó en blanco en Moscú y anotó 3 tantos ante Baskonia. En el lado positivo, formó parte del quinteto que arrolló a los vascos en el tercer cuarto, cuando el Madrid salió del vestuario dos velocidades por encima de los Ivanovic. Vuelve a emerger, una vez más, una pregunta recurrente en los últimos dos cursos: ¿Será capaz de adaptarse al juego del Madrid, en el que obviamente no puede tener tanto balón en ataque como él gusta? La duda es razonable, pues hasta la fecha solo ha sonreído cuando ha anotado de forma consistente, pero si invierte la dinámica y la respuesta acaba siendo afirmativa, Laprovittola está ante la oportunidad de su vida.

Alocén, en barbecho: la evolución del base maño sigue siendo pausada. Quizá demasiado para lo que muchos desearían ya, pues es sabido que el Madrid no espera a casi nadie. Durante varios partidos del curso incluso no ha contado con minutos, pero la marcha de Campazzo le abre definitivamente la puerta del equipo, si bien de momento no la ha tirado abajo. Siete minutos en Rusia y otros ocho ante Baskonia es su bagaje sin el Facu. De momento deja chispazos interesantísimos, pero no ha alcanzado la consistencia necesaria para asentarse en un puesto con tanto peso a la espalda como el de dirigir al Madrid. Su proyección, talento y ética de trabajo merecen tiempo y una ausencia de ansiedad difícil de compatibilizar en el nuevo escenario blanco. Ojalá la encuentre.

Llull como dique de contención emocional: el balear parece el termómetro perfecto para personalizar en alguien aquella frase de Tomjanovich. Seguir anhelando que vuelva su versión más dominante es vivir de espaldas a la realidad; tiene 33 años y nunca volvió a ser el mismo desde la inoportunísima rotura del cruzado en el momento álgido de su carrera, con posteriores secuelas en forma de lesiones musculares que le han sumido en  permanentes dientes de sierra, con momentos notables y picos más bajos. Sin embargo, merece sin duda que sea destacado su último mes, en el que parecía ya ir preparando sensaciones para la marcha de Campazzo, como consciente de que iba a recuperar responsabilidad, no tanto en la anotación voraz, pero sí como el alma del equipo. Su esfuerzo defensivo está resultando loable, así como la madurez que muestra en la cancha, con una oportuna pausa ofensiva -sin perder sus chispazos frenéticos- y, como lleva haciendo toda la vida, asumiendo en los momentos decisivos. 13 puntos y 6 asistencias en Moscú, 12 tantos y crucial al final contra Baskonia. Que se iba a echar el equipo a la espalda en la dificultad apenas cotizaba. La fortuna para los blancos es que de momento lo está haciendo a buen nivel.

‘Los otros’: luces para Abalde y Causeur: la pérdida de una pieza en la rotación exterior tan crucial como Campazzo llevará a Laso, Laso, especialista en gestionar recursos exteriores, a probar otras estructuras. Alberto Abalde comenzó la temporada a alto nivel y ahora, tras un pequeño valle, está volviendo a lucir. Solo Gabriel Deck ha jugado más minutos que él en estos dos partidos. No necesita lucir demasiado en ataque para ser ya capital para su entrenador, quien le eligió como el encargado inicial de defender a Mike James en la jugada decisiva en Moscú, palabras mayores. El gallego madura a toda velocidad y apunta a ser uno de los referentes del baloncesto nacional en la próxima década. No sorprendería tampoco verle jugar muchos minutos como base en próximas semanas, especialmente si Laprovittola o Alocén no arrancan. Mientras, Fabien Causeur puede ser otro de los que saque partido de la ausencia de Campazzo. Una vez atrás el coronavirus, ante Baskonia recuperó esa versión conocida saliendo  desde el banquillo y estrenándose en el tercer cuarto –que también puede cumplir Carroll-, aportando piernas frescas, lectura de espacios y tino ofensivo para tumbar a su antiguo equipo: 21 puntos en algo menos de 20 minutos, porcentajes elevadísimos y hambre por aprovechar una buena oportunidad tras un inicio de curso errático.

Sin prisa por fichar: contrariamente a lo que cabría imaginar en casi cualquier otro escenario, el Real Madrid no ha entrado como loco al mercado. La situación económica es ardua y la construcción del nuevo Bernabéu una prioridad estratégica absoluta en las oficinas que está afectando incluso al equipo de fútbol, por lo que no es difícil imaginar el efecto sobre el de baloncesto. Salvo ganga en el mercado, no es previsible una novedad inminente, mucho menos si implica un desembolso relevante. De momento, es la oportunidad para Llull, Laprovittola y Alocén para demostrar que podrán evitar que el club mueva una ficha que tiene bastante claro que, si puede evitarlo, no desea mover.