Cuentan en Grecia que Kostas Zompanakis, presidente del modesto Rethymno, es un auténtico obseso del baloncesto que suele pasar multitud de horas buscando en la red posibles jóvenes valores que relancen su carrera en Creta antes de dar el salto a mejores pretendientes. De su estudio del mercado e intuición ha surgido que, a lo largo de lo año, nombres como Dionte Christmas o Brent Petway, que acabaron pasando por CSKA de Moscú u Olympiakos respectivamente, vistieran en su día la elástica de los reyes cretenses y colaboraran a que el equipo lleve ya una década sin abandonar la máxima división helena.

Fiel a su costumbre, en los primeros meses de 2019 Zompanakis se encontraba ojeando la prolija base de datos de la web www.eurobasket.com, donde se recogen estadísticas de la inmensa mayoría de las ligas del Viejo Continente, desde las más punteras hasta algunas otras recónditas. El directivo, consciente de que la economía de su equipo no puede soportar grandes dispendios, gusta de otear por competiciones menores para mantener una fórmula que le ha resultado exitosa. Como suele ser habitual en él, inició su búsqueda por la ‘A’, sin encontrar nada relevante en países como Armenia o Albania. Acto seguido, durante su investigación de la liga búlgara, los registros de un jugador del BC Beroe, equipo de la ciudad de Stara Zagora, llamaron su atención: Conner Frankamp había aparecido en su vida.

Ante la falta de vídeos de calidad disponibles sobre la competición búlgara, la curiosidad le llevó a ampliar la búsqueda hacia su formación en Estados Unidos. El presidente del Rethymno observó un jugador de potencial físico mejorable, peculiar peinado chapado a la antigua y con pinta de ser mayor de lo que decía su ficha, donde apenas constaban 24 años. Aquel estadounidense promediaba más de 19 puntos y 4 asistencias en la liga búlgara, al tiempo que era el mayor recuperador de la Liga de los Balcanes -torneo que engloba a algunos equipos de Bulgaria, Albania, Macedonia del Norte, Kosovo e Israel-. Credenciales interesantes, pero en absoluto garantes. Sin embargo, Zompanakis volvió a dejarse llevar por su instinto, y aunque Frankamp jugó ese verano la liga de verano de la NBA con Los Angeles Lakers, logró su fichaje por los apenas 50.000 euros que podía ofrecer al exterior rubio. Alguien que, por cierto, no era en absoluto un desconocido en el universo baloncesto.

Aquel joven perdido en algún paraje de la Europa del Este era una leyenda en Wichita y, en su día, uno de los grandes proyectos del baloncesto estadounidense. Su irrupción en el instituto North High School de su ciudad, promediando más de 30 puntos por encuentro durante varias temporadas, le había convertido en un nombre a seguir sin duda. Tanto que, en 2012, fue uno de los líderes de la selección ‘yankee’ que se proclamó campeona del mundo u17 en Kaunas: en el combinado que ganó la medalla de oro destrozando en semifinales a la España de Alberto Abalde y en la final a la Australia de Dante Exum o Ben Simmons, con nombres rutilantes como Jabari Parker, Jahlil Okafor, Justise Winslow o Kendrik Nunn, el máximo anotador, saliendo desde el banquillo, respondía al nombre de Conner Frankamp. El mito se acrecentaba en Wichita, donde se agotaban las entradas para verle en casi cada encuentro. Narran las crónicas de la época que la única duda no era si tendría una buena noche, sino si una vez más rebasaría los 30 o los 40 puntos. Cada partido era un día más en la oficina para un chaval que siguió creciendo hasta abandonar el instituto convertido en el máximo anotador de la historia de la City League.

Como no podía ser de otra forma ante tanto ‘hype’, se lo rifaron algunas de las mejores universidades del país. Boston College, Missouri, Texas u Oklahoma le enviaron propuestas de beca. Finalmente, prefirió no salir de su estado y unirse a la poderosa Kansas. Allí compartiría equipo con Tarik Black, Andrew Wiggins o Joel Embiid… pero las cosas no terminarían de ir del todo bien, y tras un curso en los ‘Jayhawks’ –y el preceptivo año en blanco como ‘red shirt’-, cambiaría de centro para volver al calor del hogar de Wichita State. Con los ‘Shockers’ jugó tres años más, y aunque fue su rendimiento fue progresivamente en aumento, nunca llegó a ser el anotador insaciable que su ciudad natal recordaba. “Quizá no elegí la universidad correcta”, lamentaba el propio Frankamp sin entrar en más detalles hace unos días en el programa ‘La Pizarra’ de Onda Regional de Murcia. De ahí que tuviera que iniciar su camino profesional en Bulgaria. Quién se lo iba a decir en aquel 2012 de Kaunas.

Tras el Beroe y el Retyhmno, donde su conversión de escolta a base resultó crucial para que explotara su rendimiento y acabara como el máximo anotador de la A1 griega, el UCAM Murcia es el siguiente paso de este amante de la música country y devoto de Tiger Woods. Frankamp, cuyo putt es de alto nivel –tiene nivel ‘scratch’, así que juega al golf sin hándicap, prácticamente al nivel de los profesionales-, trata de emular siempre que puede al que reconoce como su gran ídolo, por encima de cualquier baloncestista. De hecho, suele coger los palos un par de veces a la semana en Murcia, con su compatriota David DiLeo como habitual compañero a lo largo de los 18 hoyos. Un deporte que probablemente le ayude a trabajar una concentración que lleva años dando grandes réditos a sus equipos.

Ya en su etapa universitaria, pese a que el bagaje global no fuera el mejor, dejó grandes tiros en momentos decisivos para Wichita State, que se han ido repitiendo en cada una de sus estaciones europeas. El estadounidense, principalmente base en Murcia pero también con minutos como escolta a partir de la llegada de Tomás Bellas, es uno de los grandes ‘killers’ de la Liga Endesa. Solo Melo Trimble supera su promedio anotador de 18’7 tantos por juego para un UCAM que mira con todas las de la ley a los puestos de Copa del Rey y playoff. Y a la hora de la verdad se siente como pez en el agua: recientemente, ajustició al Urbas Fuenlabrada con dos tiros determinantes. Días antes, anotó 14 puntos seguidos en el tercer cuarto para que los pimentoneros noquearan por la vía rápida al RETAbet Bilbao.

Esas rachas anotadoras no son sorpresa para quien le conoce. En Wichita State le llamaban ‘Crazy Hair’ –Pelo Loco-, precisamente por ello. “Siempre estábamos de broma diciendo que cuando el pelo se le alborota y se vuelve loco es cuando más caliente está. En esos momentos notas que tiene una mirada especial”, confesaba en una antigua entrevista su compañero en los ‘Shockers’, Brett Barney.

A su llegada a España, su cabello generó más de una broma, pero ahora las canchas ACB ya van entendiendo que es mejor no enervar sus mechones. Empezar una carrera profesional en Bulgaría, fuera de las ruedas de las grandes ligas europeas, pudo ser un gran hándicap para el baloncesto que ya empieza a quedar atrás. Pese a que su camino ha sido mucho más enrevesado que el de algunos de sus antiguos compañeros, Conner Frankamp quiere superar esa dificultad y acabar más pronto que tarde en la Euroliga, o quién sabe si en la NBA. Está en camino de ello y en Murcia lo están disfrutando tanto como él lo hace con el putt.